A principios de febrero de 2010, tuve la oportunidad de conocer e integrarme como voluntario en CARDI, a donde llegué con inquietudes, incertidumbres e ilusiones de hacer y vivir una experiencia de servicio.
Desde el primer día que puse un pie en esta institución fui recibido con amabilidad y una profunda actitud de acogimiento, me platicaron a detalle la historia y proceso de lo que ahora es CARDI, de los objetivos y proyectos que se tienen en marcha para llevar a cabo la misión de apoyo a las personas desde un punto de vista integrador.
La integración en la dinámica de trabajo y acompañamiento fue inmediata, tuve la oportunidad de conocer rápidamente y por cuenta propia las actividades que conlleva el ser voluntario aquí, desde preparar el café, llevarlo al hospital, atender a las personas que requieren algún servicio y apoyar en diferentes actividades necesarias principalmente para el funcionamiento de CARDI.
Quizá lo importante en todo esto no ha sido las pocas o muchas cosas que haya podido hacer, desde trasladar el dispensario como medicinas y anaqueles y demás cosas que hizo falta cambiar al estrenar el nuevo edificio, hasta armar o desarmar alguna computadora, sino la gran oportunidad que tuve de convivir, aprender y compartir con los y las voluntarias y personal que han estado al pie del cañón para sacar adelante los proyectos que se han puesto en marcha. Todo esto ha supuesto para mí, dejarme acompañar, dejarme guiar, amonestar, en pocas palabras: crecer como persona en lo humano y en lo espiritual.
He tenido la oportunidad de estar aquí como voluntario, acompañando y dejándome acompañar, como religioso Agustino Recoleto y como usuario.
Hoy no puedo más que expresar mi profundo agradecimiento a quienes tuvieron los brazos el corazón abierto para acogerme, acompañarme y darme mucho de lo que son, agradecer a CARDI como institución y a la Orden de Agustinos recoletos por darme la oportunidad de experimentar la gran misericordia divina a través de los demás y de los acontecimientos que fui presenciando en mi corta estancia aquí.
Quiero seguir animando a todos los que ahora colaboran con CARDI a seguir con ese profundo espíritu de humanidad y acogida hacia los demás, a que el tamaño del edificio no haga perder de vista el objetivo de compartir con los más necesitados lo que somos y tenemos, a poner lo mejor de sí en todo lo que se haga y ante todo a evitar la división por cualquier razón, buscando siempre la fraternidad para mantener esta casa y el corazón abiertos al hermano.
Atte: Cristino Gutiérrez Rubio. Junio 2010.


