Testimonios

UN TESTIGO FELIZ

Enero 23, 2010

(Lola Abiega Sauto V)

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Por Maura Gpe. Galindo Heredia

Voluntaria en CARDI

 Hasta fechas recientes la iconografía de los santos tendía a presentarnos imágenes de estos en posiciones adustas, los ojos en blanco mirando al cielo; para el hombre moderno inmerso en un mundo “visual”  un mundo de relación humana representaciones muy poco atractivas.

Es dudoso que veamos a Lola Abiega elevada a los altares.  Sin embargo, quienes tuvimos el privilegio de convivir con ella y compartir su alegría de vivir, de darse, de soltar sus  discursos, sus ardientes desacuerdos, su humor seco ,tenemos la impresión de estar frente a uno de esos elegidos del Señor que nos  inspiran  por cercanos,  por humanos, más a nuestra medida. Oraba un buen cristiano diciendo, “Señor, haz buenos a los malos, haz santos a los buenos y a los santos, ¡hazlos simpáticos!” Lola sin duda  es de estos últimos.

 Durante unos dos años al voluntariado en CARDI, y quienes caminamos más largo tiempo al lado de Lola  se le concedió  el privilegio de  gozar de la presencia de un TESTIGO FELIZ del REINO. Incansable apóstol de los menos privilegiados, aguerrida defensora  de los derechos del hombre, particularmente de los niños, hizo suyas las Bienaventuranzas, buscando la justicia y la paz en cualquier ámbito donde le llevara la vida. Su carácter directo y sin doblez no pocas veces  le acarrearon dificultades  que sobrellevaba con  buen humor y su  típico lenguaje claridoso.

Poseía un carisma particular para su trato con los niños. Su misión en tierras Chiapanecas, la estancia en barrios marginados, el Hospital Infantil cercano  a CARDI,  gozaron de la inventiva inagotable que brotaba de su amor a los niños. Sin material sofisticado o electrónico sin el cuál el niño moderno no puede entretenerse, Lola echaba mano de un pedazo de cartón, su sombra, sus dedos  o hasta su corto pelo blanco  para suscitar risas, alboroto, carcajadas de los pequeños pacientes. No había premio mayor para Lola que sentir un par de bracitos alrededor de su cuello, un grito de alegría de: “¡Ahí viene Lola!” o constatar la mirada  agradecida  de la madre junto al niño a quien unos momentos de juego distraían de su sufrimiento y del  pesado ambiente de hospital.

Significativo en su velación fue  la repartición de plantitas vivas en  macetas, deseo de Lola, para  significar su inmenso amor a la VIDA. Parafraseando a Benedetti, se puede decir que “la muerte encontró a Lola plenamente ¡VIVA!”

Descansa en paz. Lola. Contágianos desde tu morada eterna la alegría de vivir como tu, entregándonos a los demás.

 Breve  historial de Dolores Abiega Saute